Hoy quiero contaros un cuento,
Había una vez una persona que comenzó
a sentir una pequeña pregunta en su interior, si se mostraba tal
cual era, la gente entendía otra cosa?.
Estuvo varios días mirando las
reacciones de los demás ante sus acciones, hasta que se dio cuenta
de que lo único que ocurría es que se habían perdido los hábitos
de la sinceridad, honestidad, lealtad, confianza, cariño y amor sin
más. Estaban como mezclados e inseguros encogidos en cajitas
andantes.
Se sentía tranquila aunque al mismo
tiempo su cerebro intentaba accionarse al mismo nivel que ciertas
personas para ver si conseguía el efecto domino, la perdida de los
hábitos saludables para la mente humana. Obviamente pasados unos
días se dio cuenta de que lo realmente importante no era como
reaccionaran los demás ante los estímulos que todos deberíamos
tener, sino en que la persona no los hubiera perdido.
Creaba tristeza ver como la mentira o
la desconfianza se afianzaba en cada esquina, en una frase, en una
fotografía, en cualquier cosa que pudiera mostrar como persona.
Siempre había alguien dispuesto a
decir....de verdad?, estas seguro?, bah...seguro que no a sido así.
La confianza en los demás estaba
condenada a una cadena que esperaba no fuera perpetua, ya que en
algunos ojos la desconfianza por cualquier halo de simpatía hacía
los demás, accionaba un resorte de esto no es confianza, sera que se
pasa de simpatic@, cualquiera diría que tenemos que medir cada
emoción que se tenga como persona porque siempre hay alguien
dispuesto a pensar que NO PUEDE SER CIERTO, SERA QUE QUIERE ALGO MÁS,
SERA QUE ...SERA QUE.....
Persona, viendo deambular los hábitos y
valores como presidiarios por las calles, viendo como la tristeza se
apoderaba de los corazones llego a la conclusión de que sembraría
hábitos por donde pasara, pensaran lo que pensaran, escribieran lo
que escribieran ya que sin ello su persona estaba condenada a la
perpetua tristeza ante todo lo que tuviera delante de si.
Así que cogió sus semillas, una
maleta y se dispuso a ser como era pues si algo había aprendido fue
que ser uno mismo es mucho más creíble que cualquiera de los
hábitos perdidos.




